LA REBELIÓN DE LAS REDES Y EL PODER EN CONTRA DE LOS CIUDADANOS.
La política y los medios tradicionales ya no controlan el relato; las redes vinieron a cambiar las reglas. Y cuando eso pasa, aparecen los ninguneos, pataleos, sicarios de las leyes, silencios… y también apropiaciones.
ESTO NO ES IZQUIERDA VS DERECHA, VIENE DE POLÍTICOS VS CIUDADANOS.
El negocio de la política es viejo y conocido: inventar problemas inexistentes, administrar sus consecuencias y luego vendernos las soluciones mágicas, mientras se perpetúan en el poder. Durante décadas ese esquema funcionó con relativa comodidad, entre otras razones porque la pauta jugó y juega un papel crucial en la censura, o más bien la autocensura, motivada por el sentido de la auto supervivencia.
Pregúntense por qué no hay espacios de investigación periodística que destapen la corrupción, nepotismo, acomodo y despilfarro de la casta política en los principales medios de comunicación…
Antes había intermediarios claros en los medios tradicionales; pero ahora claramente todo eso cambió…
EL FIN DEL MONOPOLIO DEL RELATO.
Las redes sociales no solo democratizaron la opinión pública, democratizaron la información. Hoy cualquiera puede investigar, publicar, postear, ser leído y tener un alcance nunca antes visto, hasta el punto de eclipsar a los medios tradicionales, que cuentan con muchísimos más recursos en comparación con los individuos.
La lógica dejó de ser vertical para volverse horizontal. En este nuevo escenario, ya no hay emisores privilegiados y receptores pasivos.
Antes uno no podía cuestionar el relato político o a los grandes medios de opinión; esa dinámica ya no existe. Pasamos a ser actores activos y en muchos casos principales dentro de este nuevo esquema de opinión.
La relación entre las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales hoy es, lamentablemente, conflictiva. Justamente porque lo que está en juego es su hegemonía mediática; entonces muestran sus dientes en señal de defensa. El tema de fondo es el ninguneo constante a los medios alternativos, fogoneado por un sistema político que ve cómo se le escapa el relato a parte de sus interlocutores rentados.
LOS POLÍTICOS CONTRA-ATACAN CON REGULACIONES Y CENSURA.
En una reciente nota expongo el avance de la censura en redes sociales en Europa, liderada por el presidente español Pedro Sánchez y la Unión Europea.
Fuente: La nueva Gestapo Digital →
Hoy, a espejo, el sistema político uruguayo liderado por Rodrigo Goñi pretende llevar una cruzada en contra de las redes, bajo la excusa de la desinformación, los avances peligrosos de la IA y proteger a los menores y adolescentes.
El fin es claro: buscar cualquier excusa para censurar qué está permitido y qué no está permitido decir. Esta medida busca acallar las opiniones disidentes ya que, como lo he mencionado, se les ha escapado el relato. Las redes son hostiles para sus intereses; quien controla el relato controla la verdad, y eso es inconveniente si hay ciudadanos que exponen constantemente su corporativismo derrochador, voraz y corrupto.
Los medios de comunicación juegan en este caso un papel fundamental. Si pierden poder y credibilidad, no podrán valerse de su capacidad masiva de difusión. Ahí entran los políticos a regular el mercado, poniendo normas para distorsionar el espacio digital y dar el monopolio de la verdad a quienes el poder de turno crea conveniente.
Por eso no debemos permitir que los políticos coopten nuestros espacios y avancen con su agenda orwelliana de censura.
LOS HECHOS.
El bochorno quedó expuesto cuando El País publicó como propia una investigación que se viene haciendo desde hace un año, principalmente por parte de @PhDenLogica en X. Las redes —siempre atentas en esto de la eterna vigilancia— dieron la captura, expusieron la falta de ética profesional y el robo de un periodista que abiertamente sigue la cuenta de @PhDenLogica.
Convenientemente, el corporativismo mediático de todo pelo y color que lo sucedió fue repudiable; muchos periodistas salieron a defender lo hecho por el moribundo medio.

Fuente: Hilo en X →
Ese trabajo nacido en redes, como hemos visto, terminó llegando a los medios tradicionales. Hasta ahí, no debería ser extraño. El problema aparece cuando el contenido se utiliza sin reconocer su origen. No se trata solo de una omisión. Se trata de algo más profundo: el intento de sostener un modelo donde la validación sigue dependiendo de quién lo publica y no de quién investiga.
Y en ese intento, se pierde algo esencial: ética, moral… y honor.
El periodismo tiene reglas claras, entre ellas respetar la autoría y citar fuentes. No es una cuestión opinable, es un estándar básico. Pero incluso más allá de la ética profesional y de la moral, hay un plano más exigente: el del honor.
Porque la ética puede violarse y la moral puede relativizarse. El honor, en cambio, es una relación con uno mismo. Cuando alguien toma el trabajo de otro y lo presenta como propio, no solo rompe una regla; también deja en evidencia su límite moral personal.
El problema no es el gasto en catering, eventos, comidas o recepciones —que es en sí mismo una excusa para mirar algo más grande—. Porque siempre aparece el mismo argumento: "Es un porcentaje ínfimo del presupuesto". Y es cierto, pero el problema nunca fue el número crudo en particular; es la lógica que lo sostiene.
Cada organismo, cada dependencia, cada estructura justifica su gasto como marginal. Pero la suma de todas esas pequeñas excepciones construye un sistema donde la responsabilidad se diluye y la inmoralidad del gasto se normaliza.
"El Estado es la gran ficción mediante la cual todos intentan vivir a expensas de todos los demás."
— Frédéric Bastiat
Es la idea de que se puede gastar sin rendir cuentas, porque el costo está diluido, disperso y el control es inexistente. Una estructura que se alimenta a sí misma. La burrocracia, con el tiempo, deja de ser un medio para convertirse en un fin.
Se organiza, se protege y crece, no en función de resultados, sino de su propia supervivencia. Así, el Estado opera con una lógica cada vez más perversa, alejada del ciudadano:
Cobra, pero no resuelve.
Gasta, pero no mejora.
Crece, pero no sirve.
En ese esquema, lo importante deja de ser la calidad de los servicios y pasa a ser la capacidad de sostener y expandir la maldita estructura burocrática estatal.
"La gestión burocrática está sujeta a reglas y regulaciones detalladas que dejan poco margen para la iniciativa individual."
— Ludwig von Mises
Frente a esto, los mecanismos tradicionales fallan. Los sistemas donde el Estado se controla a sí mismo generan, en el mejor de los casos, una ilusión de supervisión; en el peor, un aumento del gasto sin mejoras reales. La alternativa es incómoda pero clara: más control ciudadano y más exposición mediática.
ANONIMATO.
Resulta contradictorio que periodistas hayan criticado el anonimato de @PhDenLogica, cuando muchas investigaciones dependen de fuentes anónimas para ver la luz. En el caso de Raúl Sendic, por ejemplo, la información sobre ANCAP surgió desde adentro; sin ese anonimato, difícilmente habría salido a la luz semejante hecho delictivo.
Recordemos que Sendic renunció a la vicepresidencia por no poder justificar correctamente los gastos realizados con una tarjeta corporativa de ANCAP. Algo similar está denunciando @PhDenLogica: gastos superfluos que en el micro no tienen gran impacto en la economía del Estado, pero que sumados uno tras otro dan un agujero negro de despilfarro.
¿Se entiende la contradicción infantil en la que ha caído el periodismo?

Fuente: Caso Sendic – Montevideo Portal →
HORIZONTALIDAD.
En las redes sociales todos escriben y todos se leen… bueno, salvo los políticos que bloquean los comentarios para que nadie opine, porque claramente canalizan el descontento popular por su constante arrogancia y desconexión con la realidad más básica. Prueba de ello son los constantes posts de @PhDenLogica y @MartinFitz23506 en X, que destapan la inmoralidad del gasto culinario en funcionarios públicos que en muchos casos cobran en seis cifras y cuyo peso ronda las tres cifras…
Cuando un medio o un periodista no logran entender este cambio, entran en conflicto con la realidad. Y cuando además se creen la única fuente legítima de información, el problema no solo es la plataforma: es la soberbia. Ignorar el aporte de la horizontalidad de las redes no es el camino más inteligente; su propia legitimidad está en juego en este nuevo tiempo para el periodismo.
"A la prensa escrita le llegó su UBER.
Y esperemos que tarde o temprano, algo similar le llegue a la política."
(leído en redes)
CUANDO EN LAS REDES INVESTIGAN Y LOS MEDIOS REPLICAN (O NO).
Este caso es el disparador de esta nota. Durante más de un año, el usuario @PhDenLogica de X realizó un seguimiento sistemático y exhaustivo del gasto superfluo en catering, eventos y despilfarro político financiado con fondos públicos.
Un trabajo constante, detallado y abierto, accesible para cualquiera que lo quisiera leer. Lo realmente valioso es el trabajo y la dedicación que hay detrás de cada uno de esos tweets.
Informe: 10 años de catering en el Estado — ver en X →
EL VERDADERO VALOR DEL CASO.
Lo más relevante no es solo el monto investigado. Es el método: un ciudadano, desde su casa, pudo hacer un seguimiento sistemático del uso de recursos públicos y poner esa información a disposición de todos.
Eso ya es disruptivo en sí mismo, y si se multiplica en actores, traerá consecuencias profundas. Como ya las tuvo en el resonado caso de las galletitas millonarias para el personal del BROU: gracias a la denuncia de @PhDenLogica, cayó la compra.
Fuente: Caso BROU – Montevideo Portal →

La dificultad de controlar en qué gasta el dinero público el Estado es conocida; el gran desafío es obligar al gobierno a controlarse a sí mismo. Ese problema sigue vigente más que nunca, pero hoy hay una diferencia sustancial: las herramientas para ejercer ese control ya no están solo en manos del poder.
El cambio ya está instalado. Las redes no son perfectas, pero rompieron algo fundamental y beneficioso a nuestro favor: el monopolio del relato. Y cuando el monopolio se rompe, aparecen las tensiones. Algunas incómodas. Otras inevitables.
Lo que antes quedaba oculto, hoy puede exponerse.
Lo que antes dependía de unos pocos, hoy puede surgir de cualquiera.
Y quizás, solo quizás, en ese proceso, el control ciudadano deje de ser una excepción para convertirse en la regla.
"NADA PODEMOS ESPERAR SI NO ES DE NOSOTROS MISMOS"
JOSÉ GERVASIO ARTIGAS

