Uruguay: dónde la salud pública drena recursos (y cómo eso se paga con impuestos – del bolsillo de todos -, inflación y pérdida de calidad)
La salud pública no es cara por curar, es cara por cómo está organizada, gestionada y politizada. El gasto sanitario se dispara no por la necesidad clínica real, sino por ineficiencia estructural, incentivos perversos y ausencia de responsabilidad económica.
Burocracia sanitaria hipertrofiada
Capas y capas de cargos administrativos, coordinadores, subdirecciones, asesores, comisiones y “mesas técnicas”. En su mayoría estos cargos no tocan un paciente, no diagnostican, no curan. Salarios, viáticos, vehículos oficiales, horas extras administrativas, etc.
Impacto económico: Gasto fijo permanente que no mejora indicadores sanitarios. Se financia con impuestos generales y deuda.
Recorte posible: Achicar estructuras administrativas, eliminar cargos redundantes, gestión por objetivos medibles.
Caso ASSE: estructura central sobredimensionada
ASSE concentra miles de cargos administrativos en Montevideo y en direcciones regionales. Direcciones, subdirecciones, adjuntías, coordinaciones, referentes, enlaces. Muchos cargos creados por razones políticas, no sanitarias.
Dato clave: ASSE creció en funcionarios más rápido que en indicadores de salud.
Impacto económico: Salarios, compensaciones, viáticos y horas extras → gasto rígido permanente.
Qué se podría reducir: Fusión de direcciones. Eliminación de cargos sin función asistencial ni técnica. Gestión por resultados sanitarios reales (no por presencia).
Gestión ineficiente de recursos humanos
Personal mal distribuido: exceso en algunas áreas, déficit crítico en otras. Profesionales altamente capacitados haciendo tareas que no les corresponden y personal escasamente preparado realizando tareas que deberían realizar profesionales en el área.
Ausentismo crónico tolerado y licencias abusivas. Altos niveles de certificaciones médicas, licencias prolongadas, suplencias eternas. Falta de control real.
Impacto económico: Se pagan dos sueldos para un solo puesto… o ninguno trabajando.
Recorte posible: Control serio. Incentivos al presentismo y desempeño. Sistemas que no premian productividad ni calidad, solo antigüedad.
Impacto económico: Pagamos sueldos sin correlato en atención efectiva → más consultas, más estudios repetidos, más internaciones evitables.
Recorte posible: Contratos por desempeño, control de ausentismo, redefinición de roles profesionales.
Compras públicas ineficientes y sobreprecios
Medicamentos, insumos y equipamiento adquiridos a precios inflados. Licitaciones lentas que generan desabastecimiento y compras de urgencia (más caras). Equipos carísimos que quedan subutilizados o sin mantenimiento, deteriorándose y arrojando resultados no confiables; incluso muchos de ellos sin ser usados jamás luego de su compra.
Impacto económico: El Estado paga más por lo mismo… o por cosas que ni siquiera se usan.
Recorte posible: Compras transparentes, competencia real, auditorías técnicas independientes (no políticas).
Medicina defensiva y sobreutilización diagnóstica
Estudios innecesarios “por las dudas”. Laboratorios y estudios repetidos (acá Uruguay sangra sin darse cuenta) Repetición innecesaria de análisis clínicos, imágenes, estudios microbiológicos, etc. Falta de interoperabilidad entre sistemas.
Impacto económico: Cada estudio repetido es dinero que no va a oncología, salud mental, cuidados intensivos y otras áreas de apremiante necesidad.
Recorte posible: Historia clínica única real. Protocolos de repetición justificada. Internaciones evitables. Protocolos clínicos estrictos, responsabilidad profesional, interoperabilidad de sistemas.
Prevención abandonada, enfermedad financiada
Poco énfasis en prevención primaria y secundaria. Se gasta una fortuna en enfermedades crónicas que podrían haberse evitado o retrasado.
Impacto económico: Más diabetes, EPOC, insuficiencia renal, enfermedades cardiovasculares → gasto explosivo a largo plazo.
Recorte posible: Invertir en prevención reduce gasto futuro (esto es ciencia, no ideología).
Cobertura universal sin control de demanda
Uso del sistema como si fuera infinito y gratuito. Consultas innecesarias, sobreuso del sistema de emergencias. Emergencias saturadas por: consultas banales, recetas, controles que no son urgentes. Esto ocurre tanto en ASSE como en mutualistas.
Impacto económico: Atención cara para problemas simples, desplazando a pacientes graves.
Recorte posible: Copago mínimo y simbólico. Triaje estricto en todos los centros asistenciales. Fortalecimiento de primer nivel de atención con responsabilidad. Falta total de corresponsabilidad del usuario.
Impacto económico: El sistema colapsa y se encarece, y los que sí lo necesitan terminan peor atendidos.
Recorte posible: Copagos simbólicos, priorización clínica, educación sanitaria.
Solapamiento de sistemas
Salud pública, mutualistas, seguros, con-venios, fondos especiales. El mismo paciente circula por varios sistemas. Nadie asume el costo total ni la responsabilidad final.
Impacto económico: Duplicación de gastos, ineficiencia y fuga de recursos.
Recorte posible: Integración real de sistemas, trazabilidad del gasto por paciente.
Caso FONASA
Personas que aportan al FONASA pero usan mayoritariamente ASSE, o tienen mutualista y usan emergencias públicas. El sistema paga dos veces.
Impacto económico: Gasto duplicado sin mejora de cobertura.
Solución libertaria: Que el dinero siga al paciente. Libertad real de elección y competencia entre prestadores.
Judicialización de la salud
Medicamentos de altísimo costo impuestos por vía judicial sin evaluación costo-beneficio. Tratamientos experimentales pagados por el sistema público.
Impacto económico: Un solo fallo puede consumir el presupuesto de cientos de pacientes. Un solo tratamiento puede equivaler al presupuesto anual de un hospital chico del interior del país.
Recorte posible: Agencias técnicas independientes del poder político y judicial que definan cobertura basada en evidencia. Prioridad sanitaria basada en evidencia.
La conclusión libertaria (y científica)
La salud pública no quiebra por falta de dinero, quiebra por falta de racionalidad económica. Cada peso mal gastado en burocracia, ineficiencia, sobreprestación, y decisiones políticas, es un peso que sale del bolsillo de todos, especialmente de los que menos tienen.
Reducir gasto no es deshumanizar la salud. Es exactamente lo contrario:
? usar mejor los recursos para quien realmente los necesita.
Reducir gasto no es ajustar la salud, es ajustar la ineficiencia.
Uruguay falla porque: politiza la salud, no mide productividad, no penaliza el desperdicio, y cree que más gasto = más humanidad. Eso no lo hace ningún sistema que funcione bien.
Lic. Fabiana Paula

