Mides y el gasto simbólico: cuando la prioridad no son los niños
El reciente anuncio del Ministerio de Desarrollo Social sobre la entrega de “canastas higiénicas para personas menstruantes” plantea una cuestión central de política pública: la priorización del gasto en un contexto de recursos fiscales limitados. La decisión de asignar recursos específicos debe evaluarse frente a necesidades sociales de mayor envergadura y al imperativo de maximizar el impacto distributivo del presupuesto. Esta es una restricción concreta: las partidas aprobadas para un fin son, en la práctica, fondos que no se destinan a otros fines.
Entre 2026 y 2029 se estima un gasto agregado de 12.302.500 dólares en estas canastas. Para poner esta cifra en perspectiva, si equivaliera al suministro de raciones alimentarias valoradas en 10 USD cada una, representaría aproximadamente 1.230.250 platos de comida. En un país donde la pobreza infantil en menores de seis años alcanza el 32%, estas comparaciones son relevantes al analizar el impacto marginal de cada dólar gastado.
Desde una posición liberal, la prioridad debe ser combatir la pobreza infantil de forma eficaz y sostenible. Gastos simbólicos no sustituyen políticas que generen empleo y mejor ingreso para las familias. Imponer cargas adicionales al capital —como un impuesto del 1% que se presenta como golpe a la inversión— desincentiva la actividad productiva y limita la creación de puestos de trabajo en el sector privado, que es la fuente más duradera de oportunidades laborales.
Menos inversión hoy significa menos empleos mañana; menos empleos significa más niños en situación de vulnerabilidad.
Proponemos, en cambio, reenfocar el debate fiscal y de gasto público hacia tres líneas claras: 1) priorizar transferencias y programas directos que alivien la pobreza infantil; 2) eliminar o evitar impuestos que reduzcan la inversión productiva; 3) redirigir gastos no esenciales hacia políticas que incentiven el empleo privado y fortalezcan la capacidad adquisitiva de las familias.
Ser firme en prioridades es exigir que el Estado administre sus recursos con coherencia y resultados. Si queremos que menos niños lleguen a la adultez en pobreza, debemos elegir políticas que generen crecimiento real y empleo sostenible, y dejar de financiar iniciativas que satisfacen gestos simbólicos en lugar de necesidades básicas inmediatas.
Liliana Suárez

