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#Política

Maduro y la negación ideológica de la izquierda

Autor
Militante y subdirectora de Comunicación en La Libertad Avanza
Maduro y la negación ideológica de la izquierda

Cuando un proyecto político termina en autoritarismo, pobreza y represión, una parte de la izquierda internacional reacciona siempre igual: niega la pertenencia ideológica del responsable. Ocurrió antes y vuelve a ocurrir. El argumento es automático: si fracasa, “no era izquierda”.

Ese razonamiento no es análisis político. Es evasión de responsabilidad.

Un régimen que siempre se definió como izquierda

El chavismo y su continuidad bajo Maduro se autodefinieron explícitamente como socialistas, anti-capitalistas y anti-liberales. Venezuela integró el ALBA, mantuvo una alianza estructural con Cuba y promovió un modelo basado en estatización, controles de precios y de cambios, hostigamiento al sector privado y concentración del poder político y judicial.

Desde la ciencia política y la economía institucional, el madurismo encaja sin ambigüedades en la categoría de izquierda autoritaria. Negarlo hoy es una forma de revisionismo político motivado por conveniencia ideológica.

Hechos documentados, no disputas narrativas

Las consecuencias del régimen de Maduro no son materia de interpretación ideológica. Están documentadas por organismos internacionales:

  • Más de 8 millones de venezolanos desplazados y refugiados, una de las mayores crisis migratorias contemporáneas.
  • Ejecuciones extrajudiciales, torturas y crímenes de lesa humanidad, documentados por la Misión Internacional Independiente de la ONU.
  • Centenares de presos políticos, detenciones arbitrarias y persecución judicial sistemática (Foro Penal).
  • Procesos electorales sin garantías, denunciados por la Unión Europea, la OEA y observadores internacionales.
  • Colapso económico sin precedentes: destrucción del PBI, hiperinflación, salarios de subsistencia y pobreza estructural.

Estos datos no provienen de adversarios ideológicos, sino de instituciones multilaterales.

La contradicción moral de cierta izquierda

Aquí aparece la incoherencia central: sectores que afirman defender “al pueblo” ignoran deliberadamente la voz del pueblo venezolano. Cuando los venezolanos protestaron, se los deslegitimó. Cuando emigraron masivamente, se los redujo a estadísticas. Cuando expresaron su rechazo al régimen, se los silenció.

Defender a Maduro en nombre del antiimperialismo implica priorizar un relato geopolítico por encima de los derechos humanos. Es una postura que decide desde fuera qué sufrimiento es aceptable y cuál debe ser relativizado.

¿Qué dicen los venezolanos?

Las encuestas nacionales, el éxodo masivo y la posición del exilio muestran un dato incuestionable: el rechazo al régimen de Maduro es mayoritario. No se trata de una preferencia ideológica, sino de la pérdida total de legitimidad social y democrática de un gobierno que gobierno mediante la coerción. Presentar a Maduro como víctima mientras se ignora a las víctimas venezolanas invierte el eje moral del debate.

Conclusión

Nicolás Maduro no fue una anomalía ni una desviación accidental. Fue el resultado lógico de un proyecto que concentró poder, eliminó controles institucionales y justificó la represión en nombre del pueblo.

La defensa de un régimen autoritario frente a la evidencia empírica y la voz de sus ciudadanos constituye una bancarrota ética que deja al descubierto a quienes prefieren proteger una etiqueta ideológica antes que a las personas reales que dicen representar.

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