La traición de la derecha
La traición ocurre cuando la derecha abandona la defensa de la libertad, cayendo indefectiblemente en la planificación y la intervención estatal; en definitiva, buscando conservar el orden estatista existente, aceptando la ingeniería social poco a poco, como si el veneno así fuera menos letal, cediendo en la hegemonía cultural, con la bandera del keynesianismo como estandarte.
"No hay un camino intermedio entre el liberalismo y el socialismo, no existe una tercera vía." — Friedrich Hayek
Muchos gobiernos de derecha son responsables de grandes expansiones estatales y pérdidas de libertades, en sí porque tienen miedo del costo político de los ajustes y del choque con las bases bulliciosas militantes de izquierda en todas sus facetas, principalmente los sindicatos. Por esa razón prefieren el gradualismo; como Macri, Piñera, etc., terminan aceptando déficit, subsidios y regulaciones, sacrificando sus principios por gobernabilidad, esa que pierden cada vez que avanza la izquierda: un círculo vicioso de gasto desmedido y gradualismo extremo entre gobierno y gobierno.
En síntesis, llegan al poder prometiendo liberalización y terminan como tibios socialdemócratas, aceptando por necesidad agendas foráneas. El peor enemigo del liberalismo es ese falso amigo que te termina traicionando. La responsabilidad la tienen quienes entregaron la Constitución, los medios de comunicación y la educación a la dictadura del pensamiento progre. La derecha sin liberalismo, lamentablemente, ha sido históricamente la mejor aliada del socialismo, porque conserva sus estructuras parasitarias.
¿Ser o no ser?
Hay una disonancia entre lo que creen que son y lo que realmente son. La derecha cobarde repite indefectiblemente lo que la izquierda dijo años atrás; es así que acaban asumiendo posturas de izquierda como propias y con muchísimo entusiasmo, sumando a sus filas miembros de colectividades minoritarias para presentarse como inclusivos.
"La derecha cobarde ni siquiera quiere su apellido de familia; nos hemos cansado de hablar del clóset en la sexualidad y el género, creo que es hora de blanquear que hay muchos metidos en el clóset en política." — Agustín Laje
No ser
Los políticos cobardes de derecha ya no dicen que existe una derecha o una izquierda; sin embargo, la izquierda dice con orgullo: somos de izquierda, ¿y cuál es el problema?
La traición es estructural, no accidental. Tener bien en claro que, en el caso de nuestro país, el FA es un fenómeno netamente de ciudad y los partidos tradicionales gobiernan en el interior; ni siquiera tienen la valentía, en última instancia, de defender los bastiones más conservadores, que son en definitiva quienes les dan el contrapeso electoral para que no gane una y otra vez la izquierda, dejando que permee progresivamente dicho bastión, como vemos hoy en su avance hacia el interior.
La contradicción
Se defiende la propiedad privada solo en el discurso. Una vez en el poder se acepta el intervencionismo moderado, de guante blanco en el lenguaje, con controles, impuestos y regulaciones menos malas pero continuas; terminan expandiendo el Estado poco a poco, anestesiando a la opinión pública.
"La izquierda no habría avanzado ni un metro sin la complicidad de una derecha cobarde, acomplejada y moralmente rendida." — Nicolás Márquez
¿A qué juega la izquierda?
La izquierda se muestra tal cual es. El progresismo es en sí una fuerza que avanza en su agenda y nunca se detiene. Con esa premisa avasalladora juega a otra cosa: mientras la derecha cree que la política se juega con movimientos encorsetados como el ajedrez, la izquierda juega al GO, un juego chino de estrategia cuyo cometido es conquistar espacios hasta copar todo el tablero y encerrar al oponente.
Es, en sí, como lo muestra Guattari en su libro La revolución molecular: un conjunto de fichas dispersas, sin un punto en común aparente, que terminan copando cada espacio de la vida de la gente, por más minúsculo que sea, haciendo palanca principalmente en la cultura.
La honestidad intelectual de la izquierda
La izquierda es una fuerza política honesta en el sentido de que no esconde sus intenciones para quien sepa leer su juego. Esto no quiere decir que sean honestos moralmente, sino que no ocultan que son de izquierda. Así como tenemos a los orgullosamente tibios, tenemos a los orgullosamente zurdos. Perdemos todos cuando la derecha acepta las categorías morales del enemigo, como lo denuncia Javier Milei una y otra vez: ceder en la identidad colectiva de las derechas.
¿Democracia?
Hoy la democracia ya no es un medio para limitar el poder del Estado frente al individuo, sino una herramienta que usan los políticos para expandirlo y crear redes clientelares de población cautiva y premios consuelo de la política. Esa actitud convierte a la derecha cobarde, carente de liberalismo, en gestora del progresismo, no en su antagonista.
Somos la nueva derecha: ¿qué debemos hacer?
1. Dar la batalla cultural y no despreciarla. El poder político viene después del poder cultural.
2. No ser tibios ni acomplejados. No pedir disculpas por existir ni aceptar el marco moral de la izquierda.
3. No buscar consensos con quien no cree en el consenso.
4. Recuperar el lenguaje. Quien domina el lenguaje domina el debate. Aprendamos de Gramsci.
5. Defender sin pedir perdón los valores occidentales: familia, libertad individual, mérito, responsabilidad, verdad objetiva, verdad científica y biológica, nación y tradición.
6. Ocupar los espacios culturales: educación, medios, redes, arte, cine, literatura, ONGs y fundaciones.
7. Formar cuadros culturales e intelectuales: comunicadores, docentes, periodistas, influencers.
8. Construir un relato épico propio. Quien no tiene relato, repite el del adversario.
9. Una vez en el poder, achicar todos los espacios donde se esconde el colectivismo y pasar la motosierra a cada chiringuito del Estado.
10. La eterna vigilancia.
La izquierda gana porque pelea la cultura; la derecha cobarde pierde porque la desprecia.

