“Los países serios no desechan su Constitución; la reforman.” — Axel Kaiser
“No alcanza con cambiar los gobernantes; hay que cambiar las reglas del juego.” — Reforma 2029 (Uruguay)
Dos frases, dos caminos distintos, pero, una misma preocupación.
La vieja promesa latinoamericana
Desde el siglo XIX, América Latina ha recurrido una y otra vez a una misma receta cuando atraviesa una crisis: escribir una nueva Constitución. Cada generación parece convencida de que un nuevo texto constitucional traerá prosperidad, justicia y estabilidad. Sin embargo, la evidencia histórica es incómoda. Venezuela ha tenido más de veinte constituciones, Bolivia, Ecuador y otros países también han reescrito profundamente sus cartas magnas en distintas épocas. Aun así, muchos de sus problemas estructurales permanecen.
Frente a esa realidad surge una pregunta fundamental:
¿El problema está en la Constitución o en la cultura política que la hace funcionar?
Aquí aparecen dos visiones.
Primera postura: Axel Kaiser y el paradigma institucional
¿Quién es Axel Kaiser?
Axel Kaiser es abogado, economista, escritor chileno y presidente de la Fundación para el Progreso. Es una de las figuras más influyentes del liberalismo clásico en habla hispana. Su argumento sobre las constituciones no nace de un rechazo absoluto a reformarlas. Lo que critica es la idea latinoamericana de creer que cambiar el texto equivale a cambiar la realidad.
Su tesis central
Kaiser sostiene que ´Las constituciones funcionan cuando reflejan instituciones y hábitos previamente consolidados`
En otras palabras: Primero cambian las instituciones; luego las constituciones las consolidan, no al revés.
El ejemplo de los países desarrollados
Kaiser utiliza ejemplos provocadores.
Reino Unido: No posee una constitución escrita única, sin embargo, mantiene estabilidad política; seguridad jurídica; alternancia democrática. ¿Por qué?
Porque existen tradiciones institucionales fuertes.
Estados Unidos: La Constitución de 1787 sigue vigente. Ha cambiado mediante enmiendas. No fue reemplazada cada vez que cambió un gobierno. Para Kaiser, esto demuestra que las sociedades maduras corrigen sin destruir.
La obsesión latinoamericana
Uno de sus conceptos más conocidos es que América Latina posee una especie de “fetichismo constitucional”.
La lógica sería:
“Tenemos pobreza. Cambiemos la Constitución.”
“Tenemos corrupción. Cambiemos la Constitución.”
“Tenemos desigualdad. Cambiemos la Constitución.”
Según Kaiser, esto confunde causa con consecuencia.
¿Qué debería cambiar primero?
Su respuesta incluye varios elementos.
- cultura de responsabilidad individual;
- respeto por la propiedad privada;
- independencia judicial;
- limitación efectiva del poder político;
- estabilidad institucional.
Sin ese cambio cultural, una nueva Constitución terminaría siendo letra muerta.
Segunda postura: Reforma 2029 en Uruguay
¿Qué es Reforma 2029?
Reforma 2029 es una comisión ciudadana creada en Uruguay hacia 2025 que trabaja para impulsar una reforma constitucional mediante el mecanismo previsto en el artículo 331 de la Constitución.
Su diagnóstico es contundente.
Afirman que el problema ya no es qué partido gobierna, sino que las reglas actuales favorecen privilegios, falta de control ciudadano y crecimiento permanente del Estado.
Su idea principal
Mientras Kaiser dice:
“Cambien el paradigma.”
Reforma 2029 responde: “Precisamente por eso debemos cambiar las reglas constitucionales.”
Para ellos, una reforma puede impedir que futuros gobiernos reproduzcan los mismos problemas.
Sus principales propuestas
Entre las iniciativas publicadas aparecen:
- Eliminar privilegios políticos: Reducir fueros y fortalecer la responsabilidad de los funcionarios.
- Más control ciudadano: Incorporar herramientas de participación directa y mecanismos permanentes de fiscalización.
- Austeridad republicana: Limitar privilegios y gastos considerados innecesarios.
- Blindaje institucional: Hacer más difíciles de revertir ciertas normas fundamentales.
La filosofía detrás del proyecto
Hay una idea repetida en sus documentos; “Las buenas intenciones de un gobierno duran cinco años.” “Las reglas constitucionales pueden durar generaciones.”
Por eso buscan “escribir en piedra” determinados principios.
El punto donde ambos coinciden
Aquí aparece algo llamativo. Aunque el debate suele presentarse como una confrontación, ambos comparten varias premisas. Coinciden en que el sistema actual tiene problemas profundos, en que el simple cambio de gobierno no alcanza, en el exceso de privilegios políticos y en que hace falta fortalecer instituciones.
La verdadera diferencia aparece después.
La gran diferencia filosófica
El orden según Kaiser sería: cultura, instituciones y constitución. La Constitución llega al final.
Según la Reforma 2029 el orden sería más parecido a: constitución, instituciones y cultura. La reforma constitucional sería el punto de partida para transformar el resto.
¿Qué dice la teoría constitucional?
Este debate no comenzó con Kaiser ni con Reforma 2029, tiene más de ciento cincuenta años.
Ferdinand Lassalle
En 1862 formuló una frase célebre: “Los problemas constitucionales no son problemas de derecho; son problemas de poder.”
Su idea era que una Constitución sólo funciona cuando refleja las fuerzas reales de una sociedad. Curiosamente, este argumento se acerca bastante a la posición de Kaiser.
Roberto Gargarella
El constitucionalista argentino introduce otra mirada. Sostiene que muchas constituciones latinoamericanas incorporaron nuevos derechos sociales, pero dejaron intacta la “sala de máquinas” del poder.
Es decir; cambiaron los derechos, no cambiaron quién decide. Por eso muchas reformas producen resultados limitados.
Uruguay: un caso especial
Uruguay ocupa una posición singular en América Latina.
Su Constitución de 1967 sigue vigente. Ha sido reformada varias veces sin ser completamente reemplazada. Además, utiliza plebiscitos con frecuencia; permite iniciativas ciudadanas; exige determinados umbrales para aprobar reformas. Esto significa que el propio sistema uruguayo ya contempla mecanismos relativamente fuertes de participación constitucional.
Fortalezas y riesgos de cada postura
La mirada de Kaiser
Fortalezas
- recuerda que las leyes no crean automáticamente buenos ciudadanos;
- prioriza instituciones estables;
- evita cambios constitucionales impulsivos.
Riesgos
- puede subestimar barreras legales que perpetúan privilegios;
- supone que el cambio cultural puede ocurrir sin reformas estructurales.
La mirada de Reforma 2029
Fortalezas
- busca limitar el poder político;
- fortalece mecanismos de control ciudadano;
- intenta blindar reglas de largo plazo.
Riesgos
- puede caer en el mismo optimismo constitucional que critica Kaiser;
- una Constitución, por sí sola, no garantiza cumplimiento efectivo.
La pregunta decisiva
Quizás la respuesta no sea elegir entre ambas posiciones. Tal vez la verdadera cuestión sea otra.
¿Puede una reforma constitucional producir un cambio cultural? O ¿Debe esperar primero a que ese cambio cultural exista?
La historia ofrece argumentos para ambos lados.
Inglaterra demuestra que una cultura institucional puede sostener un sistema sin una constitución escrita única.
Chile mostró que una sociedad puede debatir intensamente una nueva Constitución sin resolver todas sus tensiones políticas.
Uruguay, por su parte, enfrenta hoy un debate diferente: si utilizar las herramientas constitucionales existentes para redefinir las reglas del juego o concentrarse primero en transformar los incentivos, la cultura cívica y el funcionamiento cotidiano de las instituciones.
Conclusión
La discusión entre Axel Kaiser y Reforma 2029 revela dos tradiciones del pensamiento político.
Una afirma que las constituciones consagran cambios ya logrados. La otra sostiene que las constituciones pueden provocar esos cambios al establecer nuevas reglas permanentes.
Ambas coinciden en algo esencial: el problema no es únicamente quién gobierna, sino cómo está organizado el poder. La diferencia radica en el punto de partida; para Kaiser, la transformación comienza en la cultura y las instituciones antes del texto constitucional. Para Reforma 2029, la Constitución puede convertirse en el instrumento que obligue a que esa transformación deje de depender de la voluntad circunstancial de los gobernantes.
La mirada liberal: cambiar las reglas, pero también los incentivos
Para una mirada liberal como la que impulsa La Libertad Avanza en Uruguay, el debate constitucional no debería reducirse a una discusión entre reformar o no reformar la Constitución. La pregunta central debería ser qué reglas permiten construir una sociedad con mayor libertad, responsabilidad y prosperidad.
Una reforma constitucional puede ser una herramienta importante, pero no puede sustituir el cambio de paradigma. Si las instituciones continúan generando incentivos para aumentar el gasto, concentrar poder, crear privilegios o trasladar permanentemente los costos de las decisiones políticas a los ciudadanos, ningún cambio de nombres resolverá el problema.
Por eso, el desafío liberal consiste en actuar en ambos frentes: cambiar las reglas que generan malos incentivos y, al mismo tiempo, promover una cultura basada en la libertad individual, la responsabilidad, el respeto por la propiedad privada, la igualdad ante la ley y la limitación del poder del Estado.
Desde esta perspectiva, una eventual Reforma 2029 debería ser evaluada por una pregunta concreta: ¿amplía o restringe la libertad de los ciudadanos?
El objetivo no debería ser tener una Constitución más extensa, sino unas reglas más claras que protejan derechos, limiten el poder y hagan más difícil que cualquier gobierno —independientemente de su signo político— pueda avanzar sobre las libertades individuales.
Allí aparece una diferencia fundamental entre cambiar una Constitución y cambiar el paradigma. Una reforma puede establecer límites; una sociedad libre necesita además ciudadanos dispuestos a defenderlos.
El desafío para Uruguay no es simplemente decidir si reformar o no su Constitución. Es responder una pregunta más profunda: ¿qué cambios deben quedar protegidos para las próximas generaciones y cuáles dependen, inevitablemente, de una ciudadanía capaz de defenderlos cada día?
Porque una República no se fortalece simplemente otorgando más poder al Estado para resolver los problemas de los ciudadanos, sino estableciendo límites al poder y ampliando el espacio de libertad en el que cada persona pueda construir su propio proyecto de vida.
La discusión de 2029, entonces, no debería ser solamente qué artículos modificar. Debería ser qué Uruguay queremos construir y qué reglas estamos dispuestos a establecer para que ningún gobierno pueda decidir arbitrariamente sobre aquello que pertenece a los ciudadanos.
Cambiar las reglas puede ser necesario. Cambiar el paradigma es imprescindible.

