← Volver al blog
#Sociedad

Ateísmo, liberalismo y Uruguay: la madurez de una sociedad que ya no necesita tutelas

Autor
Referente departamental de La Libertad Avanza - Tacuarembó
Ateísmo, liberalismo y Uruguay: la madurez de una sociedad que ya no necesita tutelas

Ateísmo, liberalismo y Uruguay

la madurez de una sociedad que ya no necesita tutelas

Uruguay es, desde hace más de un siglo, una rareza en América Latina. Un país laico, con una cultura profundamente secularizada, donde la religión quedó —al menos en lo formal— fuera del diseño institucional del Estado. Sin embargo, esa emancipación religiosa no fue acompañada por una emancipación equivalente en el plano político.

Abandonamos a Dios, pero no abandonamos la tutela.

Este artículo propone una reflexión incómoda:

¿puede una sociedad que ya no cree en autoridades morales trascendentes seguir aceptando sin cuestionar una autoridad política omnipresente?

1. Uruguay: ateísmo cultural, estatismo emocional

Aunque no todos los uruguayos se definan como ateos, el país vive un ateísmo práctico:

baja práctica religiosa,
escasa influencia clerical,
moral cotidiana desvinculada del dogma.

La ética del uruguayo promedio no se basa en mandamientos divinos, sino en:

consensos sociales,
sentido común,
empatía,
normas civiles.

Sin embargo, esa misma sociedad deposita en el Estado un rol cuasi sagrado:

proveedor,
cuidador,
regulador,
corrector moral,
garante emocional.

👉 En términos filosóficos: sacamos a Dios del centro y pusimos al Estado.

2. Ateísmo: moral sin Dios

El ateísmo no propone el caos moral. Propone algo más exigente:

responsabilidad individual,
ética construida racionalmente,
convivencia basada en acuerdos humanos, no en castigos divinos.

El ateo no es moral porque teme al infierno, sino porque comprende las consecuencias de sus actos.

Esto plantea una pregunta clave:

Si podemos ser buenos sin Dios, ¿por qué no podemos ser libres sin un Estado paternalista?

3. Liberalismo y libertarismo: orden sin imposición

El liberalismo clásico —y su versión más radical, el libertarismo— parten de una premisa similar:

el orden social no necesita coerción constante,
las personas son capaces de organizarse, intercambiar y cooperar voluntariamente.

En Uruguay, esta idea genera incomodidad porque choca con un mito fundacional:

“Sin el Estado, el uruguayo no podría.”

Pero la evidencia cotidiana lo desmiente:

la solidaridad no nace de decretos,
la moral no nace de ministerios,
la cooperación no nace del presupuesto público.

4. El paralelismo incómodo

ReligiónEstatismo
Dios omnipresenteEstado omnipresente
Dogma incuestionablePolítica incuestionable
PecadoIlegalidad
SalvaciónSubsidio
HerejíaDisidencia

Uruguay dejó atrás el primero, pero abraza con devoción el segundo.

5. Laicidad incompleta

La laicidad uruguaya fue religiosa, no política.

Separamos Iglesia y Estado,
pero no separamos Estado y moral.

El resultado:

leyes que pretenden educar emocionalmente,
políticas públicas que reemplazan la responsabilidad personal,
un ciudadano infantilizado que delega todo.

6. Ateísmo y libertarismo: una alianza posible (no obligatoria)

No todo ateo es liberal, ni todo liberal es ateo.

Pero hay una afinidad profunda:

Ambos dicen:

no necesito una autoridad suprema para comportarme,
no necesito miedo para actuar bien,
no necesito tutela para ser responsable.

En un país como Uruguay —educado, alfabetizado, secular— el argumento libertario no es extremo: es coherente.

7. El verdadero acto de fe uruguayo

Paradójicamente, el acto de fe más fuerte en Uruguay no es religioso.

Es político.

Creemos que:

el Estado sabe mejor,
el Estado cuida mejor,
el Estado decide mejor.

Eso no es racionalismo.

Eso es fe.

8. Cierre: la pregunta que incomoda

Uruguay ya demostró que puede vivir sin Dios imponiendo moral.

La pregunta pendiente es:

¿Está preparado para vivir sin un Estado imponiendo sentido?

No se trata de destruir instituciones,
sino de madurar como sociedad.

Porque una ciudadanía que no cree en dioses, pero sigue creyendo en salvadores políticos, todavía no terminó su proceso de emancipación.

COMPARTIR:WhatsAppX